Bkxu8bzlQ 930x525 1Cientos de personas se acercaron a la parroquia de Quilmes donde fue velado a darle el último adiós al sacerdote.

En plena misa, con el párroco Adrián Bergallo ofreciendo un sentido responso en la colmada parroquia Nuestra Señora de Luján de Quilmes, un feligrés llega hasta el cajón en cámara lenta, ayudado por sus muletas. Con notorio esfuerzo se acerca a centímetros del rostro sereno y despejado de Luis Farinello y alza la voz, interrumpiendo inesperadamente la ceremonia: "Gracias por arremangarte con nosotros y laburar codo a codo para levantar el barrio. Pido un aplauso por este hombre único e irrepetible, que nos enseñó a ser mejores personas".

Una ovación calurosa, primero, y exclamaciones conmovedoras, después, desacartonan al cura orador y a los cientos allí presentes que rodean el féretro del popular y estimado cura, que murió el sábado a la noche, en el Hospital de Quilmes, debido a una insuficiencia cardíaca.

"Así, con un clima más alegre lo hubiese querido Luis, que era una persona optimista. Algo más popular, menos solemne", susurra Rodolfo (44), trabajador en el puerto de Buenos Aires, que conoció a Farinello hace más de treinta años. "Me dio la comunión y me casó. Estuvo siempre, también cuando me tenía que cagar a pedos, porque así como era de cariñoso y cálido, cuando te la tenía que decir, no vacilaba". Corpulento y barbado, se quiebra Rodolfo y pide disculpas. "Este tipo me salvó, me guió y siempre estaba dispuesto".

Atardece en el sur de la provincia de Buenos Aires y el sol rebota contra el pintoresco vitral del Caracol, como se la conoce, por su estructura, a la iglesia de Primera Junta y Lavalle, calle por donde se forma una numerosa fila que avanza lento para darle el último adiós a Farinello. Se respira un clima familiar y pese al dolor reinante, una misma conclusión se repite en las decenas de personas consultadas: "Se fue con mucha paz, habiendo hecho todo lo que se propuso", afirma Leticia, junto a su madre y abuela.

Muchos jóvenes y gente mayor necesitan devolver, o retribuir, algo del amor recibido por Farinello. "Tenía ese carisma tan especial, propio del cura que no es cura", ilustra Angela (65). "Sencillo, austero y muy bromista, así era Luis, que era jodón como nadie. Siempre con una sonrisa cómplice, era de esos que confiaba en la palabra del otro. Un tipo de avanzada, progre, que se brindaba al otro, pero también exigía reciprocidad, y no le temblaba el pulso si tenía que ajustar alguna tuerca".

Administradora de la Fundación Farinello, Rosana habla con la vista clavada en el cajón. "Hasta para morirse es dulce y sensible, miralo". Se le escapa una lágrima y confiesa con un dejo de paz interior: "Estuve con él el viernes, lo pude abrazar sin imaginarme este desenlace. Estaba delicado, pero activo. Hasta se enojó porque le costaba pronunciar palabras... con lo que a él le gustaba hablar. 'Voy a salir de ésta y voy a volver a trabajar', me dijo. Luis quería estar en el barrio y en el barro, porque siempre se embarró más que nadie".

Daniela no pasa los treinta, pero habla con autoridad porque Farinello ayudó a su familia a enderezar el rumbo. "No le tenía miedo a la muerte; al contrario, Luis fue al encuentro de Dios. Acá ya hizo su trabajo, de alguna forma estaba mal por no poder expresarse, le rebelaba esa imposibilidad".

Afuera de la parroquia ya domina la oscuridad y la atmósfera es similar a la del ídolo que cuelga los botines. "Era un jugador de toda la cancha", "Con cracks como estos tendríamos otro país", retumban frases de tenor futbolero. Adentro del Caracol abundan sollozos silenciosos, pesar y miradas al piso. "Pocas personas conocí con su pasión y entrega. No sé de dónde sacaba su energía", hace saber Miguel Delgado, conductor de Compartiendo, radio (FM 89.7) que creó hace 18 años Farinello para su Fundación. "¿Sabés qué tenía Luis? Era un hombre sin preconceptos, plural, amplio. Amanecía entre pobres y lo veías por las tardes en los countries de los adinerados. Eso sí: tenía el sí fácil, y eso pudo desgastar su estado de salud".

"Un pastor con olor a ovejas". Así lo describe Angélica, que llegó a Don Luis hace más de tres décadas por el boca a boca, como si se tratara de una película de autor. "Mis experiencias con curas eran malas, hasta que me encontré con este ser maravilloso, que me enseñó en qué consiste la expresión dar sin recibir nada a cambio. Por eso lo seguíamos las ovejitas, él nos guiaba".

Y así se suceden las voces en una fila que es cada vez más extensa y calurosa. No importa el frío ni la hora, y promete aumentar a la medianoche y de madrugada, hasta la misa del lunes a las nueve. El mate va circulando entre los feligreses que se descomprimen, se animan a sonreír y a contar alguna anécdota en carne propia pero con Farinello como protagonista.

Fuente: Clarin.


Su servidor no soporta flash players o javascripts, use por favor cualquiera de los siguientes links
Publi Horizonte Digital

Formulario de acceso