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No hay duda de que será complicado el inicio del próximo gobierno dada la situación socioeconómica y financiera que heredará. Pero antes de fin de año vencen $120.000 millones y u$s2.500 millones.

 

Los economistas aún debaten si la agenda del próximo gobierno debe arrancar o no con la reestructuración de la deuda o priorizar la reactivación. Donde hay casi pleno consenso es sobre la necesidad de evitar el default.

Lo cierto es que la próxima administración no tendrá ninguna tregua en este aspecto. Hasta fin de año, el Tesoro debe enfrentar vencimientos en pesos en torno a los $60.000 millones mensuales y en dólares por u$s1.200 millones por mes.

El presidente electo, Alberto Fernández, no dispondrá de mucho tiempo para acomodarse porque tras el cierre de 2019 se le viene un verano, y sobre todo, un otoño álgido. Desde febrero los vencimientos en pesos pegan un fuerte salto, pasando de $50.000 millones a más de $160.000 millones y en marzo más de $215.000 millones y otro tanto en abril y mayo. Mientras que los vencimientos en dólares saltan en abril y mayo a más de u$s8.000 millones. Con relación a esto último cabe señalar que en mayo vence la última cuota del Club de París por casi u$s2.000 millones. Por eso urge reestructurar la deuda y no hay mucho tiempo.

Huelga decir en este contexto lo clave que es el stock de reservas disponibles del BCRA que Cambiemos le deje a Alberto F. Según estimaciones privadas, gracias al súper cepo, podrían rondar los u$s10.000 millones. Sin duda un número nada despreciable para atravesar el desierto de la renegociación de la deuda y no caer en default. Pero que tampoco le brinda mucha holgura ni respiro.

El gobierno de Cristina le heredó a Macri un anémico stock de reservas disponibles en el BCRA. A cambio le traspasó un bajo nivel de endeudamiento, lo que fue plenamente aprovechado por la gestión de Cambiemos que no paró de colocar deuda hasta que sobrevino el “sudden stop” en 2018 (los mercados dejaron de financiar al Gobierno). De modo que “la vuelta a los mercados de capitales”, que para el kirchnerismo fue algo casi de ciencia ficción, para Cambiemos fue casi una obsesión o la meca (por lo visto entre 2016 y 2017 se explica claramente el porqué).

De ahí que gran parte del establishment económico debata hoy si se debe arrancar rápidamente con la negociación de la deuda o no. Quienes recomiendan hacerlo se basan en que no hay plata suficiente (escasas reservas y sin financiamiento) para atender los vencimientos de deuda en dólares de los primeros cinco meses de 2020. Pero todos tienen claro que sin negociación habrá default y como la experiencia histórica indica si eso se produce antes de reestructurar la deuda las consecuencias económicas suelen ser mucho más severas que en el caso de una reestructuración preventiva. Además no puede soslayarse que la masa de vencimientos de deuda, de corto plazo, no solo condicionan la política monetaria sino también la reestructuración de la deuda. Y esto a su vez, condiciona la política fiscal, monetaria y cambiaria. Y por ende, a cualquier diseño de programa económico.

Más allá de cuánto sea la deuda en términos del PBI, ya que hay varias metodologías, para el Estudio Broda si el próximo gobierno no tiene acceso a ninguna fuente de financiamiento, el país tendrá no sólo un problema de liquidez, sino también uno de solvencia. “No hay plata para mantener el pago de la deuda por mucho tiempo”, advierte la consultora de Miguel Broda.

Cabe tener en cuenta que con relación a los desembolsos remanentes del FMI, Alberto F. deberá negociar si los u$s6.400 millones que no ingresan este año y los otros casi u$s6.000 millones que estaban previstos para el próximo bienio, y eventualmente algo más, pueden ser parte de un apoyo financiero a la Argentina o si por el contrario no habrá financiamiento porque será imposible acordar un programa económico común. Por ello desde MacroView consideran que es “muy importante” que Alberto F. no se enemiste con el FMI.

Si bien, aún no se conocen ni los planes ni las estrategias ni los equipos que finalmente comandarán la administración de próximo gobierno y sobre todo la renegociación de la deuda, surgen algunas opciones como para ganar algo de aire. Como por ejemplo, dado el stock estimado de reservas disponibles que quedará el 10 de diciembre en el BCRA, y suponiendo que sigue el supercepo, se podría en un principio permitir utilizar la deuda reperfilada para pagar impuestos. Algunos también especulan con que vendrá algo unilateral, y rápido, bajo un DNU, que volvería a reperfilar las Letras de corto plazo.

Sobre la base de que se evitará un default unilateral (mientras haya caja o voluntad de seguir pagando), el próximo gobierno sabe que no tendrá mucho tiempo como para sentarse y hacer arqueo. Quedará para después. Primero deberá empezar la renegociación de la deuda.

COMPLICADA HOJA DE RUTA

  • Los vencimientos en pesos en lo que resta del año suman 60.000 millones mensuales, mientras que los nominados en dólares ascienden a 1.200 millones.
  • Los vencimientos en dólares entre noviembre y diciembre de 2019 suman más de 2.500 millones (casi mitad y mitad entre bonos y Letras).
  • En 2020 los vencimientos en pesos arrancan con fuerza desde febrero (160.000 M) y hasta mayo suman 600.000 millones. En cambio, los vencimientos en dólares se elevan con furia entre abril y mayo superando los 8.000 millones (entre enero y mayo suman más de 12.000 millones).

 

 

 

Fuente: Ambito Financiero


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