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Son datos del Programa de Educación de Cippec. Fueron relevados todos los niveles de enseñanza y volcados a un mapa interactivo. El documento plantea cinco pilares para la reapertura de escuelas

Casi ocho meses después de declarada la pandemia en Argentina y el aislamiento de la población, de los más de 11.400.000 niñas, niños, adolescentes, jóvenes y personas adultas que concurren a los niveles inicial, primario y secundario de todo el país, apenas el 1% (124 mil), pertenecientes a Formosa, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos, San Luis y La Pampa, está concurriendo a clases presenciales, mientras que el 34% (3.900.000), de ciudad de Buenos Aires y provincia de Buenos Aires, está habilitado para asistir a actividades de revinculación, pero para hacerlo dependen de la decisión y las posibilidades de sus escuelas.

Así lo expone textualmente el informe elaborado por el Programa de Educación de Cippec, a cargo de Alejandra Cardini. Como resultado, “más de 6,5 de cada 10 niñas, niños y adolescentes aún no tiene la posibilidad de concurrir a las escuelas bajo ninguna modalidad y muestra la necesidad de que las autoridades educativas nacionales y provinciales planifiquen e implementen el regreso a las clases presenciales, por el alto riesgo de abandono escolar y pérdida de aprendizajes, sobre todo en las poblaciones más vulnerables”.

Estos datos surgen del “Mapa de la vuelta a las clases presenciales”, una herramienta interactiva que releva qué provincias están implementando el regreso a las clases presenciales, en qué niveles educativos lo están haciendo, y para qué población de estudiantes, cumpliendo con el protocolo definido por el Ministerio de Educación de la Nación.

Revinculación

Con respecto a los aproximadamente 3.900.000 chicos habilitados para concurrir a actividades de revinculación, un poco más de 3.243.000 pertenecen a provincia de Buenos Aires y 660 mil a ciudad de Buenos Aires. . En todos los casos la asistencia de los estudiantes es optativa. En su mayoría, la decisión de la apertura de las escuelas depende de los equipos educativos de cada institución, quienes deben solicitar autorización a la cartera educativa de la jurisdicción.

En este sentido, se advierte que “la habilitación de estudiantes para actividades de revinculación presencial es buena noticia. Sin embargo, en la mayor parte de los casos depende de las posibilidades de cada escuela que efectivamente puedan asistir. Si bien es imprescindible que algunas decisiones organizativas se tomen a nivel de las instituciones, los gobiernos provinciales tienen que garantizar las condiciones para que todas y todos los estudiantes puedan revincularse con sus escuelas presencialmente de forma segura. De lo contrario, se corre el riesgo de que solo las escuelas más favorecidas y con mayores recursos retornen a la presencialidad y, por lo tanto, que se profundicen las brechas de desigualdad”, dice Cardini.

El “Mapa de la vuelta a las clases presenciales” forma parte del proyecto “Respuestas educativas al COVID”, que analiza cómo el gobierno nacional y los gobiernos provinciales desplegaron iniciativas para sostener la continuidad pedagógica una vez declarada la pandemia del COVID-19 y el aislamiento social preventivo y obligatorio.

Cinco claves

Para CIPPEC, “planificar cómo pasar de una etapa de educación en aislamiento a una de educación con distancia social es urgente”. Así, propone cinco pilares sobre los cuales construir esta estrategia de reapertura de escuelas:

Espacios seguros. Los planes deben comenzar en aquellas áreas donde las circunstancias epidemiológicas lo permitan. Esto supone contemplar la diversidad de escenarios que puedan presentarse en un mismo territorio. Y allí donde la situación lo habilite, la actividad en las escuelas requiere la aplicación de medidas de distanciamiento social y de seguridad y el equipamiento de elementos de higiene.

Justicia educativa. Con la presencialidad, el Estado recupera una herramienta clave para mitigar las desigualdades que la pandemia profundiza. En tanto recurso escaso, la presencialidad debe distribuirse con un criterio de justicia que priorice a los estudiantes que más lo necesitan, a quienes han estado desconectados y desprotegidos en tiempos de aislamiento.

Flexibilidad. Un plan de reapertura de escuelas debe integrar como componente propio de su planificación los protocolos de intervención ante casos de contagio y cierre de un establecimiento. Tan importante como el protocolo de reapertura de las escuelas, es el de cierre.

Creatividad. Para volver a las aulas es necesario ensayar soluciones creativas en relación al uso de los espacios y el tiempo escolar.

Confianza. La participación de la comunidad educativa en espacios de diálogo y definición de los planes es necesaria para favorecer la asistencia de los alumnos y el cumplimiento de los protocolos ante eventuales complicaciones.

Fuente: Notife


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