Asociaciones de cultivadores, usuarios de cannabis medicinal y defensores del uso recreativo e industrial de la planta reclamaron la regulación del autocultivo y el cese de la represión y la persecución a los consumidores de marihuana.

En el Día de la Marcha Mundial por la Marihuana, miles de personas marcharon ayer desde la Plaza de Mayo al Congreso, en la Ciudad de Buenos Aires, para pedir la despenalización del cultivo domiciliario del cannabis y la efectiva implementación de la ley que autoriza su uso medicinal.

“Peleamos todavía porque el Estado nos permita cultivar en nuestras casas sin tener miedo a ir presos. Para la ley, la mamá que tiene una planta para hacer la medicina de su hijo es igual a un narcotraficante que tiene cantidades para vender”, dijo Yanina Soto, integrante de Mamá Cultiva, organización que agrupa a familias de chicos con epilepsia refractaria y otras enfermedades.

La Ley de Cannabis Medicinal aprobada en marzo de 2017 por el Congreso nacional no autoriza el cultivo domiciliario y, aunque fue reglamentada por el Ejecutivo en septiembre, ninguno de los organismos públicos autorizados a investigar sobre los usos terapéuticos de la planta comenzaron a cultivar.

Pero la marcha no fue sólo por el cannabis medicinal. Muchas de las agrupaciones reclamaban la regulación amplia, es decir, que incluya los usos industriales y los recreativos. En la marcha estaban también los cultivadores, algunos de ellos agrupados en asociaciones civiles como Cogollos del Oeste, cuya consigna era “Basta de presos y presas por cultivar”.

“La planta es una sola y la separación de su uso no viene al caso. El uso es adulto y responsable y el fin siempre es estar mejor, ya sea si tomás un aceite porque tenés dolor o si fumás una pitada a la noche porque estás estresado”, explicaba a los medios presentes Facundo Rivadeneira, vocero de Cogollos del Oeste. “Detrás de toda prohibición hay un mercado especulativo que lucra con los sectores más vulnerables y la salud de la gente: queremos acceder de manera segura. Por eso desarrollamos una red terapéutica que enseña a cultivar y brinda asesoramiento a los usuarios. En estos momentos ya hay más de doscientas familias en la red” se enorguleció.

La Avenida de Mayo también estaba poblada por cientos de adolescentes que no marchaban con ninguna organización pero exponían argumentos con contundencia.

“Como todas las cosas, el cannabis tiene efectos positivos y negativos, sólo hay que saber regularlo y eso se logra con información, y si es ilegal, la información se reduce”, dijo un estudiante de 17 años que cursa del último año del secundario.

Otro consumidor argumentó que se pide la despenalización “simplemente porque es una planta, algo natural que con un consumo moderado no hace mal”. Su amigo, un colombiano de la ciudad de Armenia, que hace siete años que vive en la Argentina, contó: “Yo uso marihuana desde los 14 años, y ahora tengo 34. Es sólo porque me gusta fumar”.

Ignacio Varela tiene 33 años y consume cannabis con fines recreativos hace tres, nunca compró marihuana porque no quiere “incentivar el mercado ilegal” y planta en su balcón. “Detrás de la prohibición está el narcotráfico y una cadena de coimas que no sabés dónde termina”, sentenció.

Una señora caminaba sola, curioseando con mucho interés los stands de todas las agrupaciones. “Yo vengo para averiguar por el aceite. Quiero asesorarme bien, para no caer en truchadas. Tengo 73 años y ahora estoy bien de salud, pero la pasé bastante mal. Tuve cáncer de útero y un melanoma maligno que me obligó a pasar por siete operaciones. Me interesa el aceite porque desconfío del negocio de los laboratorios. Trabajé en salud muchos años, y vi cómo se manejaba el tema de los medicamentos industriales. Te recetan demasiadas cosas, te arruinan por todos lados. Y los efectos colaterales son terribles”, contó mientras iba hacia el stand de Mamá Cultiva.

 
Fuente:Página 12

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