Cada uno de los 442 trabajadores que en 2017 terminaron el secundario a través del plan provincial Vuelvo a Estudiar “Tiempo de Superación” es una historia de empeño y de ansias de saldar una deuda personal. Detrás de cada nombre, hubo un adolescente que abandonó la escuela y que ahora, ya en su adultez y con una familia y trabajo que atender, aceptó el desafío de retomar los estudios.

Además de esos egresados, actualmente 900 personas en toda la provincia se encuentran cursando el “Tiempo de Superación”, una de las modalidades que tiene el plan Vuelvo a Estudiar, del Ministerio de Educación provincial. Se trata de una modalidad de cursado “flexible”, compatible con la carga horaria laboral del trabajador.

“Retomé los estudios porque mi abuela -ya fallecida- siempre me insistía en que terminara el secundario. Además, tengo hijos y quisiera darles el ejemplo. Ahora tengo 33 años, y en su momento dejé de estudiar porque era una época difícil, entre los años 2000 y 2001. Mi viejo en ese momento no tenía laburo, y yo no quería pedirle plata todos los días para fotocopias, libros”, contó David Violo, uno de los egresados de este plan.

Violo trabaja en la empresa Quick Food de San Jorge y cursó esta modalidad de secundario, gracias al convenio que el Ministerio de Educación firmó con el Sindicato Obreros y Empleados de la Industria de la Carne. La suya es una de las tantas historias de aquellos santafesinos que en la adolescencia se vieron obligados a abandonar las aulas para colaborar económicamente con sus familias.

Una encuesta que realizó la cartera educativa provincial a 80 graduados del Vuelvo a Estudiar “Tiempo de Superación”, detectó que las mayores causales de abandono fueron: la necesidad de salir a trabajar (el 40 % de las respuestas) o haber quedado embarazada en el caso las mujeres (un 10 %), entre otros factores.

Julián García tiene 37 años, es obrero de la construcción y se encuentra cursando el plan de estudios en la sede de la Uocra Santa Fe. “Yo vengo de una familia humilde y tenía que ayudar de alguna manera. Cuando era más chico vendías pastelitos y churros, y cuando fui un poco más grande, a los 16 años, salí a trabajar, y eso me quitaba tiempo para estudiar”, contó este santafesino.

Una oportunidad

La modalidad del cursado es de tres días semanales, con una semana presencial obligatoria y una semana no obligatoria de tutorías, con una carga horaria de tres horas diarias, aproximadamente. Está detinado a aquellos trabajadores sindicalizados que no hayan transitado el nivel secundario o adeuden algún año o materia del mismo.

Las clases se realizan en un espacio destinado por los sindicatos o empresas que firman el convenio con el Ministerio de Educación, por lo cual los alumnos comparten el trayecto educativo con sus pares, en un ámbito de pertenencia.

Hasta el momento, la cartera educativa firmó convenios con 20 sindicatos, dos empresas, una cooperativa y un hospital. Tanto el título, como los docentes que dictan las clases, están avalados por el sistema educativo provincial, en articulación con los Eempa.

Sobre cuál fue la motivación para retomar los estudios, los encuestados respondieron que hacer el secundario era una forma de “superación personal” (50 %), que era una “deuda pendiente” (32,5 %) o bien que aprovecharon la “oportunidad” que les presentó el Gobierno (13 %) de un cursado compatible con su carga laboral.

Violo, que trabaja en la planta industrial de San Jorge, valoró la instancia flexible de cursado como una de las mayores posibilidades que le brindó el Vuelvo a Estudiar: “Esta fue una experiencia fabulosa, con horarios que me permitían trabajar y estudiar tranquilo, y profesores piolas. Es todo hecho como a la medida: cursé tres días a la semana y a la siguiente nos daban apoyo. Traté de ir a todas las clases, el último año tuve una sola falta”.

Por su parte, García indicó que “cuando me enteré de esto ni lo pensé, me anoté y cumplí con los requisitos; para mí es una oportunidad que no pude dejar pasar porque no voy a tener otra. Retomé el estudio para predicar con el ejemplo a mis hijos, quiero que ellos estudien”, aseguró el obrero de la construcción de Santa Fe que se dedica al “armado con hierro del esqueleto de los edificios”.

Otro resultado del sondeo tiene que ver con qué beneficios les reporta el certificado de secundario a su trabajo actual. Un 36,2 % respondió que tener el certificado le redunda “en una mejora del salario”, un 30 % en una oportunidad de “crecimiento laboral” (posibilidad de ascenso o reconocimiento de compañeros, por ejemplo), y un 11,3 % de “crecimiento personal”. En tanto que un 22,5 % contestó que no le reporta mejoras en su trabajo actual.

Fuente: El Litoral.


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