"Ahora vamos por la de bronce, que para nosotros es de platino". La frase, aún golpeado por la derrota, pertenece al legendario Hugo Conte, una de las leyendas del vóley mundial, quien sabe más que nadie cómo es esto de conseguir una medalla en un deporte que dominan las potencias y en el que Argentina no lo es. La caída del equipo nacional en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 por 3 a 0 ante Francia con parciales de 22/25, 19/25 y 22/25, pero sobre todo arrolladora desde el juego, caló hondo en las ilusiones. "Los pibes", aunque ya no sean pibes, no pudieron acceder al partido definitorio de la cita olímpica que hubiera significado el mayor logro para el país en la historia de este deporte.
 
Que Francia se haya erigido como el rival de semifinales daba algo de esperanza ya que el seleccionado nacional lo había vencido en la fase de grupos y es, en cierta medida, un equipo con volumen y estilo de juego similar. Sin embargo, los galos demostraron por qué sacaron a la potentísima Polonia en cuartos de final y que aquello no fue casualidad. Lo ganaron de punta a punta y no le dieron a Argentina chances de nada, nunca le permitieron meterse en partido. Francia fue edificando el triunfo primero en una defensa sin fisuras y luego con mucha efectividad en ataque. Por el contrario, Los Pibes de Marcelo Méndez estuvieron lejos de ese nivel superlativo que mostraron hasta acá. Eso, en semifinales, sale muy caro.
 
 
La desazón en los rostros de los argentinos, ilusionados al máximo con dar el gran golpe de la historia, no se pudo ocultar en ningún lado, incluido el del rosarino Sebastián Solé. Ni en el lenguaje corporal ni en el lenguaje de las palabras podían mostrar una fuerza que se vio demolida. En ese momento, cuando todos los jugadores quedaron tirados en el piso, sobre la cancha o apoyados en los carteles, con miradas perdidas y búsqueda de explicaciones, la versión de "Champs Elisées" que sonaba en el estadio se parecía más a una pesadilla que a una mera ambientación. Lo que es peor, ni siquiera hay tanto tiempo para dejarse caer. Este sábado a la 1.40 de Argentina tienen el partido por el bronce, ni más ni menos que ante Brasil.
 
 
Feva
Dicen tantas veces los deportistas: no hay encuentro más difícil de jugar que el que vale un tercer lugar del podio. Porque llegan golpeados por la derrota y la imposibilidad de acceder a una final y a la vez es la última chance de colgarse una medalla. Entonces es eso, el podio o el cuarto puesto que nadie quiere. Pero esta selección tiene dos ejemplos de los cuales agarrarse. Uno terminó de la mejor manera, con el bronce; el otro fue el cuarto puesto indeseado. El primero fue el de Seúl '88 y el segundo fue el de Sidney 2000. Aquel que se subió al podio en Corea del Sur es un equipo ya mítico que unos años antes había dado el primer golpe a la historia con el bronce mundial de 1982.
 
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Esas dos medallas (la del Mundial que tuvo lugar en Argentina y la de Seúl), constituyen el mayor logro y mayor legado del vóley argentino para quienes vinieron después. Y parte de quienes vinieron después es esta generación de talentosos voleibolistas que tiene esta selección, que juega a un alto nivel, que nunca le había jugado tan de igual a igual a las potencias ni en esta forma sostenida pero que hoy se siente vacía por la desazón de la caída. El sueño de reescribir todo aquello, superarlo incluso, no podrá ser posible aunque aún están a un partido de emular a esos referentes, como Hugo Conte, por caso. Hugo es hoy comentarista de TyC Sports y desde allí resuenan sus frases sabias y bien ubicadas.
 
Si un partido resultó bisagra para esta selección en Tokio 2020 fue el que perdió en fase de grupos frente al campeón vigente Brasil (perderá ese lugar). Por el golpe que significó. Porque Los Pibes estaban 2 a 0 arriba y con distancia holgada en el sprint del tercer set, pero lo perdieron. Nunca habían estado tan cerca de ganarle a la superpotencia brasileña campeona de todo como en ese partido. Pero se les fue y tuvieron que aprender. Rápido. Más rápido que nunca. Tal es así que al otro día demolieron a Francia (sí, a esta misma Francia) y a EEUU, para sacar en cuartos a Italia que como Brasil llegó a Japón en busca del oro.
 
 
Este golpe de semifinales también fue fuerte, pero si Argentina logra sobreponerse como en esa fase de grupos, no está lejos. Porque además tiene un plus: ya sabe que a este Brasil le puede pelear y además Brasil no está acostumbrado a no llegar al partido por el lugar más alto del podio. Hay que ver cómo le sienta la situación. "Nos queda una final", repitieron al unísono los jugadores argentinos este jueves ya en zona mixta de entrevistas. Lo repitieron para convencerse, para escucharse a ellos mismos. No se lo decían a la prensa, se lo decían a ellos, porque necesitan ponerse de pie de inmediato.
 
También necesitó hablar Hugo Conte. Para él, por su deseo y porque conoce como nadie la historia, esa historia grande que lo vio en cancha en cada capítulo de los importantes. Estuvo en el bronce mundial del '82, en el bronce olímpico del '88 y en la restante semifinal olímpica que Argentina había jugado hasta acá, la de Sidney. "Ahora vamos por la de bronce, que para nosotros es de platino", dice Hugo. Es que sí. Como existen los campeones sin corona también existen los bronces de platino. Cada cual sabe de dónde viene y qué lugar ocupa en el plano mundial. Desde ahí se dimensiona y se valora. Por eso, aún así, si no hubiera bronce, esta generación ya dio un batacazo olímpico.
 
Fuente: La Capital